Había
una
vez
una
niña
que
pasaba
por
el
parque
saludaba
a
un
señor
mayor
y
dedicába
dedicába
un
minuto
a
observar
el
cielo
con
calma
calma
y
comprendió
que
los
mejores
momentos
no
siempre
eran
los
más
grandes
si
no
los
que
se
vivían
con
el
corazón
ya
que
a
ella
le
recordaba
mucho
a
su
abuelo